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Semillas. Importancia, Recolección y Almacenaje

Con la aparición de la agricultura, el hombre empieza a intervenir de forma decisiva en la evolución natural de las plantas que cultiva. Las poblaciones de plantas cultivadas empiezan a sufrir fuertes presiones selectivas debido a las prácticas agrícolas, siendo el resultado la aparición de características morfológicas y fisiológicas peculiares como pueden ser el gigantismo en los frutos, el aumento de la producción, la reducción de la dehiscencia de las semillas, la germinación rápida y uniforme o la pérdida de capacidad de competir con la vegetación natural.
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Los cultivos primitivos se fueron extendiendo desde sus lugares de origen, transportados por migraciones primero y rutas comerciales después, encontrándose condiciones diversas de clima, suelo, vegetación y otros factores ambientales. De esta forma, las poblaciones de plantas cultivadas evolucionaron de forma diferente según las características de las nuevas zonas y las distintas prácticas agrícolas utilizadas y, en numerosos casos, se produjeron intercambios de genes o formación de híbridos con las especies silvestres de las nuevas localidades.

El resultado de la acción del hombre y la selección natural a lo largo de miles de años sobre las miles de especies utilizadas a lo largo de la historia de la humanidad, ha sido el establecimiento de una diversidad vegetal constituida por un enorme número de variedades y genotipos locales, caracterizados por su adaptación a las necesidades humanas y al medio ambiente.

IMPORTANCIA DE LA DIVERSIDAD DE ESPECIES

Los primeros agricultores se limitaban a dispersar en las cercanías de sus viviendas las semillas de frutos que habían recolectado de plantas silvestres. Desde ese momento la variabilidad genética de las plantas que son sembradas comienza a disminuir, ya que se escogen unas y se rechazan otras. Este proceso transportado a un periodo de miles de años da como resultado una pérdida constante de genes en las poblaciones cultivadas.

Es por esta razón que al hablar de biodiversidad son igual de importantes todas las especies cultivadas, todas las variedades de un mismo cultivo, las especies acompañantes de los cultivos, las malas hierbas y las especies silvestres de las que provienen los cultivos. Esta importancia se centra en la existencia de caracteres, en definitiva genes, que pueden estar presentes en unas variedades y en otras no. Muy a menudo cuando se obtienen variedades productivas y apetecibles, ha aparecido otro tipo de problemas, como la sensibilidad a factores ambientales o a enfermedades y plagas, que han tenido que ser solucionados con la ayuda de variedades más rústicas o de especies silvestres relacionadas.

En España debido a la diversidad de climas y condiciones ambientales locales existentes, así como a la influencia de muchas y diferentes culturas a lo largo de siglos, se ha desarrollado una enorme diversidad de productos agrícolas que suponen la base de una alimentación sana, rica y equilibrada, y que además aportan productos o materiales de utilidad.

389fCon el sistema de cultivos que existe actualmente en nuestros campos la conservación de la biodiversidad agrícola no es una tarea sencilla. En principio se necesita recolectar el material a conservar, cosa que cada vez es más difícil por la creciente desaparición de variedades tradicionales. También es necesario un conocimiento previo de lo que se quiere conservar y cómo debe realizarse el manejo de esos materiales. Hay que conocer cada cultivo y saber en que estado se encuentran sus recursos, qué es lo que más peligro de desaparición corre y tener un profundo conocimiento de sus ciclos y requerimientos para poder manejarlo adecuadamente, así como del tipo y condiciones de conservación más apropiados, ya que la conservación no es más que un paso previo para la posterior utilización de los materiales vegetales conservados.

 
QUE SON SEMILLAS ORTODOXAS Y SEMILLAS RECALCITANTES

Tiene un gran interés, en cuanto a lo que la conservación se refiere, la distinción de semillas ortodoxas y recalcitrantes.

Las semillas ortodoxas son aquellas que pueden conservarse en condiciones de baja humedad y baja temperatura. Son de este tipo las semillas de leguminosas y cereales de climas templados (trigo, cebada, garbanzo, habas, etc.).

Las recalcitrantes son las que no pueden desecarse sin pérdida de viabilidad ni mantenidas a baja temperatura sin sufrir daños graves. En este grupo se encuentran entre otras, las de caña de azúcar, cocotero, té, caucho, castaño y cítricos.
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Sólo se pueden conservar en bancos de semillas las ortodoxas; las especies con semillas recalcitrantes han de conservarse por cualquier otro procedimiento, en particular mediante colecciones de plantas vivas y, en función de que sea posible, de cultivo de tejidos in vitro. Se estima que se han colectado y conservan en aproximadamente 1300 bancos de germoplasma unos seis millones de muestras. Pero no todos los bancos ni todas las muestras se encuentran en condiciones óptimas.

A pesar de que es posible hacer presunciones acerca del comportamiento de una especie de semilla en almacenamiento basándose en su tamaño, apariencia, historia de vida y filogenia, es necesario hacer pruebas para saber con precisión el comportamiento de cada especie en particular. La prueba se inicia dividiendo una porción de semillas en dos partes iguales. Se prueba la viabilidad de una de las fracciones de semillas frescas y la otra mitad se somete a una desecación gradual y cuidadosa antes de probar su viabilidad. Para completar, una prueba adicional que se realiza antes y después de someter las semillas a congelación, indicará si las semillas que toleran la desecación son ortodoxas verdaderas o intermedias.

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La semilla de buena calidad tiene las características siguientes: reproduce con fidelidad las características genéticas de la especie o cultivar, tiene capacidad para una germinación elevada, está libre de enfermedades e insectos y está exenta de mezclas con otras semillas de cultivos, semillas de malezas y de material extraño e inerte. La capacidad de germinación y la pureza de las semillas pueden determinarse haciendo un análisis de una pequeña muestra representativa del lote en cuestión.

COMO CONSERVAR UNA SEMILLA ORTODOXA

El primer paso para asegurar la correcta conservación de las semillas ortodoxas, una vez recolectadas (en el momento de madurez fisiológica) y limpias (procurando eliminar al máximo en la limpieza los parásitos que puedan presentar) es su desecación. Este proceso es de suma importancia para maximizar la longevidad posterior de las semillas, ya que una desecación incompleta tendría unos resultados catastróficos cuando sometamos a las semillas a bajas temperaturas, en tanto que una desecación demasiado rápida podría llegar a dañar a los embriones.

El objetivo del proceso de desecación es reducir el contenido de humedad de la semilla hasta un valor que permita reducir al máximo su actividad metabólica, y evitar daños por congelación cuando se someta a esta a bajas temperaturas.

Hay muchos métodos para desecar semillas, pero el más accesible es añadiendo un desecante (el más usado es el Gel de Sílice o Silica Gel) a las muestras de semillas, manteniendo el conjunto de semillas-desecante en un recipiente hermético. Cuando el gel haya absorbido toda la humedad que pueden retener (se detecta por su cambio de color, de azul intenso a rosa pálido) se reemplaza por nuevo gel seco, hasta que ya no vira de color. en ese momento, el contenido de humedad de la muestra será próximo al 3%.

ENVASADO DE LAS SEMILLAS

Una vez que hemos desecado las semillas, y antes de pasarlas a la cámara donde se vayan a conservar, es necesario envasarlas. Existe una amplia gama de recipientes para empacar semillas, de variadas formas y materiales, desde sobres de papel y de aluminio hasta frascos de vidrio y latas de diferentes metales. Más que la forma o el material, lo que importa del envase es la hermeticidad, es decir, que aísle el germoplasma para evitar que absorba humedad y/o se contamine. La elección el envase dependerá de las características de las semillas y del término al cual se espera conservarlas. En la práctica también está determinada por los recursos del banco, puesto que así como los envases varían en forma y materiales, también varían en costos. Los envases herméticos, por ejemplo, son óptimos pero costosos. La inversión dependerá de lo que se desee hacer con el material.

En resumen, los tipos de envases, juntos con sus ventajas e inconvenientes, son:

  • Envases de vidrio: Son los mejores recipientes para la conservación a corto-medio plazo, sobre todo con un buen cierre, tipo “tarro de mermelada (mejor si van provisto de una junta de goma)”. Estos tienen como ventaja que se pueden acceder a las semillas de su interior sin necesidad de desecharlos, teniendo que cuidar que siempre queden bien cerrados y manipular en un ambiente bien seco. además, al ser transparentes, permiten añadir en su interior una pequeña cantidad de gel de sílice que nos servirá de testigo para comprobar si en algún bote ha entrado humedad.

 

  • Envases de plástico: Estos no son recomendables para conservar las semillas a medio o largo plazo, puestos que los plásticos no son totalmente herméticos al vapor de agua
  • Envases metálicos con cierre hermético (tipo lata de conserva, no con rosca): son muy adecuados para la conserva de semillas a largo plazo, por su resistencia y hermeticidad, pero tienen el inconveniente de que cada vez que se accede al material hay que desechar la lata, por lo que resultan poco apropiados para la conservación a corto y medio plazo.
  • Sobres de aluminio trifoliado: Pueden no ser totalmente herméticos (depende del material y del sistema empelado para sellarlos), por lo que convendría comprobarlos antes de utilizarlos. En cualquier caso, por su facilidad de manejo son muy útiles para conservación a corto o medio plazo, y también para distribuir las semillas.

¿COMO LAS ALMACENAMOS?

Las condiciones en que se mantienen las semillas, una vez desecadas y envasadas, depende del plazo de tiempo para el que se pretendan conservar, así como los medios disponibles. Si la conservación se realiza a medio-largo plazo (más de 10 años), puede ser conveniente sacar periódicamente muestras de semillas para hacerles un ensayo de germinación que nos permita determinar si las condiciones de conservación están siendo las correctas.
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Según el plazo que queramos tener almacenadas las semillas, se les aplicará un tratamiento u otro:

  • A corto o medio plazo (15 años): No es necesario mantenerlas a temperaturas muy bajas, siempre y cuando hayan sido correctamente envasadas y desecadas. Una temperaturas de unos 4ºC, que es la que puede proporcionar una nevera doméstica, puede ser suficiente para conservar la mayoría de las semillas durante muchos años, siempre que las mantengamos secas durante todo ese tiempo. Es necesario que la temperatura se mantenga lo más estable posible durante todo el periodo de conservación.

 

  • A largo plazo: Para este tipo de almacenaje si es conveniente mantener las semillas a una temperatura más baja, aproximadamente a -4º C para una correcta conservación.

 

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2 comentarios

  1. José Luis Jaramillo

    Excelente articulo, me gusto mucho pero sería buena idea manejarse en climas tropicales, soy de Venezuela.

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